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La despedida de Enric – Parte II

Gracias Font Fregona

Hoy os queremos mostrar la segunda parte de la emotiva carta de despedida de uno de los jóvenes de Font Fregona, Enric, que escribió al marcharse del centro después de años de tratamiento. 

Enric habla sobre su experiencia con honestidad y sentimiento, explicando la realidad de su proceso de recuperación, incluyendo sus altibajos. También nos habla de la relación consigo mismo, el autoengaño y fingir en frente de otros. Es un escrito que no sólo resuena con aquellos en una situación similar, sino con la gran mayoría de personas, reflexionando sobre los procesos dentro de uno mismo que dan fruto al cambio.

Os invitamos a leer este primer fragmento que esperamos que os haga reflexionar, entender y aprender.

 

“Descubrí lo que era hacer ese trabajo personal del que tanto oía hablar”

Después de 2 años y medio salí de Font Fregona, y fruto de mi autoengaño, estaba dispuesto a comerme el mundo con mucha prepotencia y sin saber escuchar nadie; porque escuchar no es entender, sino comprender.

Resulta que el mundo se me comió a mí, y al poco tiempo llegué a estar en el peor estado que jamás he estado, y que deseo nunca olvidar. Al tener todas mis conductas escondidas tanto tiempo salieron el doble de fuertes, y me hicieron autodestruirme a un nivel y una velocidad increíbles.

Tengo un día marcado en mi mente en el que llegué a casa de mi padre con dolor de cabeza y mareo, el corazón estaba muy disparado pero yo estaba cansado y necesitaba dormir a la vez. No me asustaba porque tenía bastante normalizadas las alteraciones en mi cuerpo, hasta que me tumbé a dormir.

Cuando me dormía estaba algunos minutos con la sensación de que me ahogaba y me moría, intentaba gritar para pedir ayuda a mi padre, que estaba en otra habitación, pero mi voz no sonaba, hasta que despertaba con el corazón disparado y con poco aire. Fui a la habitación de mi padre. Se lo expliqué y le pedí dormir a su lado por si me volvía a pasar. Tenía miedo a dormirme por si no me despertaba. Me volvió a pasar más veces en la cama de mi padre. Al día siguiente me levanté habiéndome hecho mis necesidades encima.

Lamentablemente ese día no me sirvió para nada y el mismo día seguí. Yo recuerdo con incomprensibilidad momentos en los que ponía mi vida en riesgo por cualquier tontería o por alguna gracieta. Recuerdo conversaciones con el grupo con el que iba, cuando planeábamos algo, en las que llegaba a decir que: “si me muero, me muero mala suerte”. Se me hace muy difícil pensar que yo pudiera pensar y sentirme de esa manera.

A los 7 meses de salir de alta reingresé y mantuve mi autoengaño bastantes meses, hasta que después de una reunión intensa con mi hermano, mi madre y Font Fregona, nunca sabré como, pero algo en mí tomó consciencia, desencadenó en varias reflexiones, y me empecé a hacerme preguntas y preguntas. En ese momento descubrí lo que era hacer ese trabajo personal del que tanto oía hablar.

 

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