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Las adicciones no son un problema de voluntad

Cuando pensamos en una adicción, a menudo la primera imagen que nos viene a la mente es la de las drogas. Pero la realidad es mucho más compleja.

Las adicciones pueden adoptar muchas formas y, aún hoy, estén estando rodeadas de prejuicios que dificultan su comprensión. Uno de los más arraigados es pensar que son simplemente una cuestión de voluntad.

En nuestra última columna reflexionamos sobre esta idea y sobre la importancia de empezar a entender las adicciones como lo que realmente son: una enfermedad mental que necesita tratamiento, acompañamiento y una mirada libre de estigmas.

 

 

Las adicciones no son un problema de voluntad

Cuando explicamos a qué nos dedicamos en Font Fregona, hay una respuesta que se repite muy a menudo. «Ah, ustedes tratan el problema de las drogas». Y siempre respondemos lo mismo: también. Pero no sólo.

Es curioso cómo una sola palabra es capaz de reducir una realidad mucho más compleja. Todavía hoy, cuando oímos hablar de adicciones, la mayoría seguimos pensando en sustancias. Pero las adicciones también pueden tener la forma de una pantalla, las apuestas online, los videojuegos, las compras compulsivas, la pornografía, el uso de las redes sociales o incluso la necesidad constante de consultar el móvil.

Quizá eso explique por qué todavía cuesta tanto comprenderlas. Porque seguimos asociándolas a una mala decisión oa una falta de voluntad. Aún hay quien piensa que una persona con una adicción podría dejarla cuando voliera.

Y probablemente ese sea uno de los prejuicios que más daño hacen.

Las adicciones no son un vicio. Ni una cuestión de carácter. Son una enfermedad mental que altera la forma en que una persona reacciona y se relaciona con su entorno. Por eso no se resolven únicamente con fuerza de voluntad. Necesitan tratamiento, tiempo, acompañamiento y comprensión.

Resulta sorprendente que hayamos avanzado tanto en el modo de entender otras enfermedades mentales y, sin embargo, seguimos juzgando con tanta facilidad a las personas que conviven con una adicción. Nadie le diría a una persona con depresión que se anime algo más. O a alguien con un trastorno de ansiedad que deje de preocuparse. Pero todavía seguimos escuchando frases como: «Si realmente quisiera, lo dejaría».

Quizás porque nos resulta más fácil juzgar una conducta que intentar comprender el sufrimiento que hay detrás. Las adicciones no comienzan el día en que aparece una substancia, una apuesta o una pantalla. Muchas veces comienzan mucho antes, cuando una persona encuentra en esa conducta una forma de escapar de un malestar que no sabe cómo gestionar.

Quizás ha legado el momento de cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarnos "¿A qué se adicta esta persona?", quizás deberíamos preguntarnos "¿Qué está intentando calmar?".

Solo cuando dejemos de mirar la adicción como un problema de voluntad y empecemos a entenderla como lo que realmente es, una enfermedad mental, podremos acompañar a las personas desde el respeto, la responsabilidad y la esperanza.

 

Font Fregona

El objetivo es conseguir vencer la adicción, conductas de riesgo y reestructurar su vida a través del aprendizaje de nuevos patrones de conducta.

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