Durante mucho tiempo hemos asociado la prevención a detectar problemas cuanto antes. Pensamos que prevenir consiste en descubrir los primeros señales de una adicción para poder actuar antes de que la situación empoore.
Sin embargo, la prevención comienza mucho antes.
Empieza cuando un joven siente que puede hablar de lo que le ocurre sin miedo a ser juzgado. Cuando una familia puede expresar su preocupación sin sentir vergüenza. Cuando pedir ayuda deja de vivirse como un fracaso y comienza a entenderse como un acto de responsabilidad.

Muchas adicciones no aparecen de un día para otro. Se desarrollan de forma progresiva y, en muchas ocasiones, avanzan en silencio. Desde fuera, una persona puede seguir estudiando, trabajando o manteniendo una vida aparentemente normal mientras, por dentro, convive con un sufrimiento que no sabe cómo explicar o con una dependencia que intenta ocultar.
Esperar a que el problema sea evidente puede significar legar demasiado tarde.
Por eso es tan importante crear espacios donde las conversaciones sobre las adicciones y la salud mental sean naturales. Espacios donde las preguntas sean más importantes que las respuestas, donde escuchar tenga más peso que juzgar y donde expresar una dificultad no genere rechazo, sino acompañamiento.

La prevención también consiste en aprender a mirar más allá de las apariencias. Al comprender que un cambio de comportamiento, un mayor aislamiento, la irritabilidad o la pérdida de interés por lo que antes motivaba no siempre son «cosas de la edad». A veces son la forma que tiene el malestar de pedir ayuda cuando todavía no encuentra palabras para hacerlo.
Como sociedad, todavía tenemos un reto pendiente. Necesitamos hablar más de las adicciones sin prejuicios, desterrar la idea de que pedir ayuda es un signo de debilidad y construir entornos donde las personas se sientan seguras para expresar lo que están viviendo.
El silencio protege al problema, no a la persona. Y prevenir no consiste solo en detectar una adicción cuando ya es visible, también consiste en crear una cultura donde hablar sea posible, escuchar sea habitual y pedir ayuda nunca de miedo.
Quizás ésta sea una de las formas más importantes de prevención que tenemos a nuestro alcance.


