En Font Fregona, cada año vivimos un momento muy especial: la preparación y representación de una obra de teatro creada y protagonizada por los jóvenes de nuestro centro. A simple vista podría parecer solo una actividad artística o una muestra escénica. Pero para nosotros —y, sobre todo, para ellos— es un proceso profundamente terapéutico que toca aspectos emocionales, relacionales y personales que van mucho más allá del escenario.
Y ahora estamos en plena cuenta atrás: queda exactamente una semana para el estreno de la nueva obra, el sábado 27 de septiembre, en el marco de una jornada que, como cada año, compartiremos con las familias y que sabemos que será muy emotiva.

El valor de subirse a un escenario
Ponerse delante de un público no es fácil para nadie, y mucho menos para un adolescente o un joven que está atravesando un proceso de recuperación. El escenario expone, confronta y obliga a salir de la zona de confort. Sin embargo, también ofrece un espacio seguro donde poder ensayar nuevas formas de expresarse, superar miedos y descubrir capacidades ocultas.
Cada ensayo es una oportunidad para fortalecer la confianza en uno mismo, y cada representación es un logro compartido que refuerza la autoestima. Muchos jóvenes descubren que son capaces de hacer algo que jamás habrían imaginado. Ese descubrimiento se convierte en un motor para seguir avanzando en su proceso terapéutico.
Mucho más que aprender un papel
El teatro que trabajamos en Font Fregona no se limita a memorizar diálogos o aprender movimientos escénicos. Se trata de un proceso de construcción personal y grupal.
Trabajo en equipo: los jóvenes aprenden a coordinarse, a escucharse y a confiar unos en otros.
Gestión emocional: enfrentan nervios, frustraciones y pequeños conflictos que se transforman en aprendizajes.
Expresión personal: el teatro les permite dar voz a emociones que muchas veces no logran expresar en el día a día.
Creatividad y juego: elementos esenciales para despertar ilusión y redescubrir el placer de crear sin necesidad de conductas destructivas.

El teatro como espejo terapéutico
La representación teatral actúa como un espejo. A través de los personajes y las escenas, los jóvenes pueden reconocer partes de sí mismos, explorar conflictos internos y ensayar respuestas diferentes a las que repiten en su vida cotidiana.
Para muchos, el escenario se convierte en un espacio de catarsis: lo que no pueden decir directamente, lo expresan a través del personaje. Lo que no se atreven a sentir en la realidad, lo viven de forma simbólica en la obra. Y en ese juego de roles, se abren nuevas posibilidades de comprensión y de cambio.
Una experiencia compartida con las familias
La obra de teatro no solo tiene un impacto en los jóvenes. También es un momento muy especial para sus familias, que pueden verlos de otra manera, en un rol nuevo y positivo. Ver a sus hijos subirse a un escenario, concentrados, implicados y brillando en equipo, genera orgullo, esperanza y confianza en el proceso.
La jornada del sábado 27 de septiembre será, como cada año, un encuentro para compartir emociones y celebrar juntos los avances.
Más allá del aplauso
Al final, el teatro en Font Fregona no busca actores perfectos ni grandes puestas en escena. Lo que buscamos es que cada joven experimente lo que significa prepararse, comprometerse, superar dificultades y recibir un aplauso sincero por algo positivo que ha construido con los demás.
Ese aplauso, ese reconocimiento y esa experiencia compartida
son semillas que quedan en su memoria
y que refuerzan el mensaje central:
sí es posible cambiar, sí es posible confiar,
sí es posible crecer.


