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Cuando no entendemos lo que está pasando

 

Cuando no entendemos lo que está pasando

“No entendemos por qué hace lo que hace.”

Es una de las frases que más repiten las familias cuando llegan.

Y detrás de ella hay desconcierto, frustración… y muchas preguntas sin respuesta.

 

Porque cuando la conducta cambia, cuando aparecen reacciones que no encajan con lo que el joven era antes, lo primero que se rompe es la comprensión.

 

Cuando la conducta desconcierta

Impulsividad, aislamiento, consumo, estallidos de rabia, falta de límites…

Desde fuera, muchas de estas conductas se interpretan como falta de voluntad, rebeldía o desinterés.

Pero quedarse solo en lo que se ve puede llevar a una lectura incompleta.

Porque la conducta es lo visible.

Pero no es el origen.

 

 

Lo que no se ve

Detrás de muchas conductas desafiantes suele haber algo que no está pudiendo expresarse de otra manera:

  • Malestar emocional
  • Dificultad para gestionar lo que sienten
  • Confusión interna
  • Miedo, frustración o vacío

 

Cuando un joven no dispone de recursos para poner palabras a lo que le pasa, lo expresa a través de lo que hace.

Y ahí es donde la conducta deja de ser un problema aislado

y empieza a ser un mensaje.

 

El error de centrarse solo en el comportamiento

Es habitual intentar corregir la conducta directamente: poner normas, sancionar, controlar.

Y, aunque los límites son necesarios, cuando no se entiende qué hay detrás, el cambio suele ser superficial o poco sostenible.

Porque el comportamiento puede modificarse temporalmente,

pero si la necesidad sigue sin atenderse, reaparece.

 

 

 

Entender no es justificar

A veces aparece una duda importante:

“Si lo entendemos, ¿lo estamos permitiendo?”

 

Y la respuesta es no.

Entender no es justificar.

Es poder intervenir mejor.

Significa poder poner límites desde un lugar más ajustado,

más coherente y eficaz.

 

Cuando aparece la comprensión, aparece el cambio

El proceso terapéutico empieza a abrir camino cuando cambia la mirada:

 

Cuando dejamos de preguntarnos solo “¿por qué hace esto?”

y empezamos a preguntarnos “¿qué necesita?”

Ahí aparece algo distinto.

 

Más comprensión.

Menos confrontación.

Más capacidad de acompañar.

 

Y, poco a poco, también más posibilidades de cambio.

 

 

Conclusión

No siempre es fácil entender lo que está pasando.

 

Pero detrás de cada conducta hay una historia, una emoción o una necesidad que aún no ha encontrado otra forma de expresarse.

 

Y cuando empezamos a mirar ahí,

el proceso deja de ser solo corrección…

y empieza a ser acompañamiento real.

 

Font Fregona

L’objectiu és aconseguir vèncer l’addicció, les conductes de risc i reestructurar la seva vida a través de l’aprenentatge de nous patrons de conducta.

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