Un concierto que empezó mucho antes de sonar la primera canción
Hay días que permanecen en la memoria mucho después de que termine el último aplauso y el concierto de verano de la Coral Camins, celebrado el pasado sábado en Font Fregona, fue uno de ellos.
Sería injusto decir que todo empezó esa tarde porque el concierto había empezado muchos meses antes. En cada ensayo, cada tarde dedicada a aprender una nueva canción. En cada joven que decidió comprometerse con el proyecto cuando quizá hacía tiempo que había dejado de comprometerse con casi todo.

Las primeras emociones llegaron antes de abrir el telón
Mientras la Coral realizaba el último ensayo, Font Fregona empezaba a llenarse poco a poco acogiendo a las familias de los jóvenes que legaban.
Algunas hacia tiempo que no se veían entre ellas, otras se saludaban como quien vuelve a encontrarse con alguien que ha recorrido el mismo camino.
Y es que solo quien tiene un hijo atravesando un proceso de recuperación sabe lo importante que es sentir que no está solo.
Entre abrazos, conversaciones y sonrisas nerviosas, todos buscaban su asiento.
El calor era intenso y nadie parecía darle demasiada importancia.
Había otra emoción mucho más grande ocupando todo el espacio.
Tras el escenario también se vivía otro concierto
Mientras las familias esperaban, tras el escenario los jóvenes intentaban controlar los nervios.
Se repasaban las últimas indicaciones.
Alguna mirada cómplice.
Alguna sonrisa.
Algún silencio.
Sabían que, al otro lado, estaban las personas que más habían sufrido junto a ellos y también quienes mejor podían comprender el significado de ese momento.
Porque no iban a escuchar únicamente unas canciones.
Iban a contemplar algo mucho más importante; ver a sus hijos volver a ilusionarse.

“Bienvenidos”
Entonces llegó el momento.
Los primeros acuerdos de Bienvenidos, de Miguel Ríos, dieron inicio al concierto.
Y, de algún modo, aquella canción parecía resumir perfectamente lo que estaba ocurriendo.
Bienvenidos a un nuevo comienzo.
Bienvenidos a una etapa distinta.
Bienvenidos a descubrir que siempre existe la posibilidad de volver a creer en uno mismo.
Desde ese primer instante la emoción fue creciendo canción tras canción.
No era sólo la música, era la implicación con la que cada joven ocupaba su lugar.
Las miradas.
La concentración.
La ilusión compartida.
Y la satisfacción de comprobar que todo el esfuerzo de los últimos meses cobraba sentido.
Mucho más que un repertorio
Cada canción hablaba de algo distinto, pero todas tenían un elemento en común. Tras cada una había trabajo, constancia y compromiso.
Había jóvenes que unos meses antes quizás no habrían imaginado verse sobre un escenario y familias que volvían a descubrir en sus hijos gestos que hacía tiempo no veían. Y es por eso, el concierto dejó de ser simplemente un concierto y se convirtió en el reflejo de un proceso.
De esos procesos que no siempre se pueden explicar con palabras pero que pueden verse en una mirada, en una postura o en la forma en que alguien vuelve a sonreír.

Un final que puso palabras en lo vivido
Como broche final, llegaron las palabras de Lluís, director de la Coral Camins.
Unas palabras sencillas pero profundamente emocionantes. Y es que cuando un proyecto nace desde la ilusión y se construye entre muchas personas, no pertenece únicamente a quienes lo impulsan, acaba siendo de todos; de los jóvenes, de las familias y de los profesionales que acompañan.
También de quienes entienden que la recuperación no consiste únicamente en dejar atrás una conducta o superar una adicción.
Consiste, sobre todo, en volver a construir una vida que merezca la pena ser vivida.
Cuando la comunidad canta, nadie canta solo
El calor del sábado fue sofocante, sin embargo, cuando terminó el concierto nadie hablaba del calor, solo de lo que habían sentido.
Es ahí donde reside la verdadera fuerza de una comunidad terapéutica, no sólo al acompañar a los momentos difíciles sino al crear espacios donde las personas puedan volver a emocionarse, recuperar la confianza y descubrir capacidades que ni ellas mismas imaginaban.
La Coral Camins nació hace tres años de una idea propuesta por los propios jóvenes y hoy ya forma parte de la historia de Font Fregona.
El pasado sábado volvió a recordarnos algo que a menudo olvidamos: la recuperación no siempre hace ruido. A veces tiene forma de canción, de aplauso o de una familia emocionada mirando a su hijo desde la primera fila.
Hay conciertos que durarán apenas una hora.
Y hay otros que comienzan mucho antes… y siguen resonando mucho tiempo después de que caiga el telón.

